• Mònica Vidal

M&J ♥ Boda en Can Marlet con guitarras, amigurumis y bambas brillantes


Antes de empezar... si quieres ver la bonita preboda que hicimos con M&J en plena naturaleza del Montseny... ¡aquí la tienes!

Cuando recuerdo la boda en Can Marlet de M&J siempre se me escapa una sonrisa: ¡no puedo evitarlo! Y es que hubo tantos detalles bonitos a lo largo del día, tantas sorpresas, tantos momentos emocionantes... Todo empezó, como siempre, en casa de la novia. Al empezar con las fotos de la preparación de M, quiso enseñarme los zapatos que llevaría. Lo que no imaginaba es que no había un solo par, ¡había dos!

Uno de los pares era el modelo Mimosa de Rachel Simpson, en el color Pale Mint. Unos zapatos quizás un poco alejados del "típico zapato de novia" pero que tenían a M completamente enamorada y que, además, iban a conjunto con su anillo de compromiso! El segundo par de zapatos, unas Victoria con purpurina plateada y un poco de plataforma que fueron el mejor aliado de M a la hora de bailar y saltar al final del día y a las que, además, ella cambió los cordones para hacerlos más a su gusto. ¡Un completo acierto! :)

La preparación de M siguió entre brochas y un poquito de tortilla de patatas (¡las novias también deben comer! :p) pero, eso sí, con un público excepcional. Y es que, de vez en cuando, Sam y Nino sacaban la naricita para intentar descubrir qué era lo que estaba pasando. Los que me conocéis sabréis que no puedo evitar hacer fotos a los compañeros peludos de mis parejas, son parte de la familia y, por lo tanto, ¡merecen salir en el reportaje de la boda!

La madre de M ayudó a su hija a ponerse su precioso vestido de princesa. El vestido que M encontró en Espai Boda, un modelo de Aire Barcelona con una espalda espectacular...

Así que la novia ya estaba lista... ¡o casi! Porque faltaba el ramo. ¡Y menudo ramo! Realizado por la floristería Vilaplana ni más ni menos que con cactus y suculentas! Una idea que M tenía en mente des de hacía mucho tiempo y con la que acertó por completo: es uno de los ramos más originales que he visto nunca y, por supuesto, me enamoró :)

Con todo ya listo, M salió de casa, dispuesta a subirse al coche de su hermano para que éste la llevara a la ermita dónde ya la esperaba J. Pero se encontró con un cambio de planes... ¡un coche antiguo la estaba esperando en la puerta de casa! Y así fue como fuimos hacía la iglesia. Mientras todos los coches que encontrábamos por el camino nos miraban y hacían sonar el cláxon. ¡Normal! Con un coche tan precioso y adornado con flores y tules... imposible pasar desapercibidos :p

El novio, nervioso, nos esperaba ya en la iglesia. Sant Martí de Riells es una ermita chiquitina, muy cerca del restaurante Can Marlet, donde iba a seguir la fiesta después de la ceremonia. No os perdáis el detalle del porta-anillos, una caja de madera emulando un tronquito con sus iniciales y la fecha grabadas. ¡Precioso!

Y después del gran momento, secuestré a los novios un ratito para hacerles algunas fotos y relajarnos unos minutos. Los rinconcitos que el mismo restaurante, Can Marlet, ofrecía fueron perfectos para esto, pues está situado en medio del precioso Montseny (donde, por cierto, ¡hicimos la preboda!). Aprovechamos para retratar algunos detalles de sus trajes, las alianzas y, por supuesto, a ellos y a su amor :)

Después nos dirigimos al cocktail, donde los invitados nos estaban esperando. Y M&J tenían una nueva sorpresa preparada... harían una súper entrada en bicicleta, latitas atadas detrás incluidas, que encantó a los invitados. ¡Ah! Y no, no se cayeron :p

Durante el cocktail, aproveché para hacer algunas fotos de detalles del sitio donde cenarían a continuación, la decoración... Ese tipo de fotos que parecen no tener mucha importancia pero que nunca quiero (ni puedo) dejar de hacer :) Y ahí fue cuando descubrí que M&J habían dejado, junto a mi plato, lo mismo que tenían todos los invitados: un pequeño detalle con el que recordar ese fantástico día y con el que aluciné.

A las chicas nos habían preparado una cajita preciosa con una pareja amigurumis. ¡Tan monos! Y cuando fui a decirle a M&J lo muchísimo que me había gustado el detalle, M me confesó que llevaba muchísimo tiempo tejiendo ella misma, a mano, todos y cada uno de los muñequitos que había en la boda. ¡Eso es una novia entregada y lo demás son tonterías! :O Por cierto, los chicos tenían una cajita de madera con una brújula y un bolígrafo :)

El convite fue uno de los más animados en los que he estado porque el hermano de M se había dedicado a organizar una serie de bailes y juegos para que los novios (y los invitados) se divirtieran e, incluso, terminó haciendo un par de trucos de magia con los que nos dejó con la boca abierta a todos! Y es que resulta que es mago :)

Una de las útlimas sorpresas de la boda fue ese momento en el que J sacó su guitarra y M empezó a recitar un pequeño texto que habían escrito agradeciendo la presencia a todos los invitados. Un momento en el que todos nos emocionamos. Sí, hablo en primera persona, porque también tuvieron palabras para mí :')

La boda de M&J estaba llegando a su fin, el primer baile de novios no fue un bals: fue una bachata! Y después de eso, los invitados sacaron un paraguas, se lo dieron a la pareja y les empezaron a tirar serpentinas hasta cubrirlos por completo. Un momento súper diferente y muy especial :)

En resumen, una boda íntima, preciosa y, como habéis visto, llenísima de detalles y sorpresas. Pero sobre todo llena de amor y es que lo que en aquella boda se respiraba era muchísimo cariño. De los novios, pero también de los invitados y eso es lo único que hace falta para que una boda sea especial :)

¡Vivan los novios!

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